
Obesidad en el Perú: ¿cómo esta situación afecta a las organizaciones?
La obesidad tiene repercusiones significativas en el ámbito laboral, especialmente desde la perspectiva de la salud ocupacional.
El COVID-19 es una enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2 que se propaga fácilmente entre personas de manera similar al resfriado común o a la gripe. ¿Has escuchado sobre el falso negativo? ¿Se puede dar esta condición en una prueba COVID-19?
La mayoría de las personas con COVID-19 presenta enfermedad respiratoria leve a moderada y es posible que algunas no presenten síntomas (infección asintomática). Otras experimentan síntomas graves y precisan de un tratamiento especializado y cuidados intensivos.
Las pruebas diagnósticas permiten identificar a las personas que podrían necesitar tratamiento o que deben aislarse para prevenir la propagación de la infección. Si no se detectan las personas con COVID-19 cuando está presente (un resultado falso negativo), se puede retrasar el tratamiento y se corre el riesgo de que la infección se siga propagando a otras personas.
Las pruebas diagnósticas para descartar la presencia del COVID-19 son altamente sensibles y fiables. Sin embargo, siempre hay un pequeño margen para que se den falsos negativos y falsos positivos. Los falsos negativos, cuando la prueba da negativo y la persona sí tiene coronavirus, suelen estar relacionados principalmente con problemas en la toma de la muestra o la manipulación inadecuada de la misma. También se puede observar en pacientes con una carga viral muy baja, lo que supone una tasa baja de eliminación del virus.
El análisis de los falsos negativos es de suma importancia por sus implicaciones epidemiológicas. Un falso negativo implica por parte del paciente la disminución de las medidas de preventivas recomendadas, pudiendo dar a lugar focos de transmisión.
El porcentaje de fallo de las pruebas moleculares (PCR) para detectar coronavirus ronda el 20% de los casos. Sin embargo, estos errores, clasificados como falsos negativos, dependen de varios factores entre los que destacan cómo se toma la muestra y, sobre todo, cuánto tiempo ha pasado desde que se tuvo el primer contacto con el coronavirus hasta que se hizo la PCR.
En otras palabras, si se realiza la prueba en los primeros días de infección/contagio puede que el resultado de la prueba sea negativo; sin embargo, este resultado no descarta una infección.
De acuerdo con la revista médica The Lancet, los falsos negativos son más probables en comparación con los falsos positivos (cuando la persona no está contagiada pero la prueba da positivo), por el tiempo que a veces tarda en incubar el virus o porque la persona ya está en fase de recuperación y la prueba no detecta material genético suficiente.
Una forma para minimizar el número de falsos negativos es siempre tener una correlación entre la historia clínica del paciente y los resultados tanto de la PCR como de la serología. Esto permitiría evitar los resultados negativos de las pruebas realizadas de manera temprana con respecto al curso de la infección, evitando determinar una tranquilidad ficticia en cuanto al riesgo de contagio.
Es sumamente importante saber interpretar los resultados de estas pruebas PCR, particularmente al comienzo de la infección. De ahí que los proveedores de salud recomienden que todos aquellos que hayan mantenido contacto con un positivo, o que tengan algún tipo de síntoma, mantengan un confinamiento de 14 días, aunque hayan dado negativo en una PCR.
A pesar de haber convivido un año con esta enfermedad que ha detenido al mundo, aún hay muchos estudios e investigaciones en marcha para poder hacer que las pruebas sean cada vez más precisas y eficientes. Por esta razón, es imprescindible que sigamos aplicando las medidas de prevención, como el distanciamiento social, uso de mascarillas y el lavado frecuente de manos.
La obesidad tiene repercusiones significativas en el ámbito laboral, especialmente desde la perspectiva de la salud ocupacional.
El manejo manual de cargas pesadas y la operación en almacenes con materiales de gran tamaño presentan riesgos ocupacionales considerables.
Si la población mundial no hace cambios significativos para enfrentar el sedentarismo, se calcula que los sistemas de salud pública soportarán un gasto de aproximadamente 300.000 millones de dólares entre 2020 y 2030.
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